27 diciembre 2007

Marchate

Hoy solo te pido que te marches, que te vayas y me dejes, que llenes tus maletas con los cachivaches del dolor y borres para siempre tu imagen del espejo de mi mirar. No olvides arrancar tu foto de la pared del recuerdo y por supuesto deja las llaves de mi pasado en la maceta de donde nunca las debí sacar.

Saca tus recuerdos de los cajones del armario de mi existencia, esos donde guardo todo lo bueno y lo malo, déjalo todo como estaba y no te olvides nada tuyo puesto que tuyo ha sido todo lo malo. Esto es lo último que te permito, ni un día más te soporto a ti y a tus sofisticados juegos de dolor.

Llévate los niños muertos, la carne lacerada, las humillaciones acumuladas siempre sobre los mismos hombros, el triunfo siempre para los mismos, las bendiciones para las armas y los que las empuñan, los parabienes para el que miente y expolia, las reconvenciones para el que le señala, las maledicencias de portera institucionalizadas como cultura de un pueblo que carece de ella, las desgracias acrecentadas y los bienes decrecidos por la pobreza intencionada, la mentira institucionalizada, la violencia corporativizada, la crispación por sistema, los muertos de segunda y de tercera, la patria de la cartera y la bandera por pistolera.

No te dejes nada de todo lo malo que me trajiste, no quiero ver las sotanas agitadas como espantajos que invocan nuestros miedos de la caverna, para ti los trapos ensangrentados para los que me pediste lealtad, tuyas las lágrimas amargas y la impotencia, tuya la brillantina, tuya la soberbia, tuyo el cinismo, tuyo el egoísmo, tuyo el desprecio, tuyas las mentiras, tuyas las conspiraciones.

Deja limpia mi existencia y márchate ya, nada quiero puesto que nada de todo lo que me quitaste me puedes devolver, por esto solo quiero de ti la ausencia, el vacío que espero que el nuevo amante ocupe cuanto antes y para mejor, puesto que por mucho mal que quiera hacer alto le has dejado el listón. Deja pues mi vida en el punto fatídico en el que te encontró, para que otro nuevo año pueda de ella tomar posesión, renovando este rito perenne de esperanza y dolor.